Hoy salimos de la isla de Skye y nos adentramos por las
tierras del lago Ness. Subimos por su costa oeste, y la verdad es que a pesar
de su fama es uno de los lagos más feos y sosos de toda Escocia. Quizás lo
único interesante puedan ser las ruinas del castillo de Urquhart, pero ni eso.
Del monstruo ni hablamos. Y está plagado de coches, caravanas y turistas. Un
auténtico contraste con los espacios abiertos que abandonamos esta mañana.
Después de unos cuantos días en Escocia por fin nos
atrevimos a comer haggis, un plato muy, pero que muy típico escocés que
consiste en una mezcla de las partes más innobles del cordero picadas y
embutidas, acompañadas por nabos y patatas. El que probamos en Inverness no
estaba nada mal. Inverness, capital de las Highlands, a juego con el lago que
le da nombre, es una ciudad impersonal, aburrida y somnolienta. Nos dimos un
pequeño paseo por ella y finalmente pusimos rumbo al Hotel, que está perdido
entre las montañas y que confundimos con un psiquiátrico de peli de miedo.
Castillo de Urquhart en el lago Ness
Mercado victoriano en Inverness
Inverness
Psiquiátrico en medio del bosque con el que confundimos nuestro hotel