Martes, 30 de Julio

Día grande de Cornualles. Se despertó lluvioso, con un orbayo fino que nos acompañó en nuestra visita por St. Ives, un pueblo costero refugio de artistas que nos gustó mucho. Por el camino nos detuvimos a contemplar los restos de una mina abandonada entre los acantilados de Botallack. Llegamos a Cape Cornwall, el punto más al oeste del país, desde donde contemplamos bonitas vistas de la costa. Paramos a comer en el fin de la tierra, Land’s End, donde nos atrevimos con una comida típica de aquí, la pasty, que viene a ser una empanadilla gigante rellena de un guiso de carne con patatas y nabos. Así, tal cual. Bueno, barato y contundente. Que casi comes y cenas de una vez, vamos.
Por la tarde seguimos costeando, paramos a contemplar un círculo de piedras, las Merry Maidens, en mitad de un prao, y finalizamos en St. Michael’s Mount, que es una copia cutre de su homónimo en Francia.  El entorno donde se ubica, en el medio de una larguísima playa, era muy bonito. El castillo, por llamarlo algo, era bastante decepcionante, si bien las vistas que se contemplaban desde sus torres eran espectaculares. De camino al Hotel paramos en un Starbucks a seguir planificando el viaje.
 St. Ives
 Minas abandonadas. Botallack
 Cape Cornwall
 Land's End
 Merry Maidens
 Playa de Penzance
St. Michael's Mount

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