Día grande de Cornualles. Se despertó lluvioso, con un
orbayo fino que nos acompañó en nuestra visita por St. Ives, un pueblo costero
refugio de artistas que nos gustó mucho. Por el camino nos detuvimos a
contemplar los restos de una mina abandonada entre los acantilados de Botallack.
Llegamos a Cape Cornwall, el punto más al oeste del país, desde donde contemplamos
bonitas vistas de la costa. Paramos a comer en el fin de la tierra, Land’s End,
donde nos atrevimos con una comida típica de aquí, la pasty, que viene a ser
una empanadilla gigante rellena de un guiso de carne con patatas y nabos. Así, tal
cual. Bueno, barato y contundente. Que casi comes y cenas de una vez, vamos.
Por la tarde seguimos costeando, paramos a contemplar un
círculo de piedras, las Merry Maidens, en mitad de un prao, y finalizamos en
St. Michael’s Mount, que es una copia cutre de su homónimo en Francia. El entorno donde se ubica, en el medio de una
larguísima playa, era muy bonito. El castillo, por llamarlo algo, era bastante
decepcionante, si bien las vistas que se contemplaban desde sus torres eran
espectaculares. De camino al Hotel paramos en un Starbucks a seguir
planificando el viaje.
St. Ives
Minas abandonadas. Botallack
Cape Cornwall
Merry Maidens
Playa de Penzance
St. Michael's Mount