Miercoles, 14 de Agosto

Visitamos el castillo de Edimburgo por la mañana. Después de una larga espera en la cola para comprar las entradas por fin conseguimos entrar junto con otros tres millones y medio de turistas. Se trata de un alcázar con diferentes edificios que albergan museos relacionados con el ejército y monarquía escocesa. La fortaleza es bonita, las vistas de la ciudad impresionantes, pero con tanta gente y todo tan grande y restaurado pues pierde encanto, le falta personalidad. Lo mejor la zona de las prisiones. El tesoro real, que consiste básicamente en una corona y en la piedra del destino, da pena. Y también tuvimos que esperar en otra larga cola para verlo.
A mediodía bajamos a la Princess Street atravesando la Market St., llena de puestos callejeros, donde hicimos algunas compras y aprovechamos para hacer un picnic en los jardines. Y vuelta a la Royal Mile, donde por la tarde disfrutamos de un tour guiado por Mary King’s Close, un callejón ahora subterráneo donde contemplamos –dejando de lado las historias de fantasmas y demás- cómo vivía la gente en el siglo XVII. Muy didáctico y entretenido. Terminamos la jornada tomando unas cervezas y sidras en el Whistle Binkies, un pub muy chulo del centro, y volviendo de nuevo a Underberry para cenar.
 Hordas de turistas encaminándose al castillo
 Vistas desde el castillo de Edimburgo
 Prisión militar del castillo
 Bajando hacia Market Street
 Tron Kirk. La mejor iglesia del mundo
 En el Whistle Binkies
Por los bajos fondos de la ciudad

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