Nuestra última jornada en Inglaterra la dedicamos a la ciudad de Oxford, pero como por el camino nos tropezamos con el circuito de Silverstone, pues también nos acercamos. Aunque un señor muy amable nos impidió la entrada, nosotros dimos una vuelta por los alrededores, donde hay empresas tecnológicas y talleres.
Ya en Oxford, la ciudad nos sorprendió gratamente, es una ciudad muy apacible, tranquila y fácil de visitar. Está todo muy bien indicado y preparado para el turista. De camino a la biblioteca Bodleian atravesamos un mercado cubierto muy bien surtido. Lamentablemente no pudimos visitar la Radcliffe Camera porque ya no había plazas para hoy, pero a cambio disfrutamos con los techos y detalles de la pequeña Divinity School. Tuvimos más suerte en nuestra siguiente parada, el Christ Church College, donde llegamos quince minutos antes de que abrieran y así nos pudimos poner los primeros de la cola para contemplar en solitario el famoso Hall, que "inspiró" la gran sala de la escuela de Harry Potter. Pasear por las estancias del College te transportaba a épocas pasadas. Tras visitar la catedral volvimos a callejear hasta el puente de los suspiros, donde dimos por finalizada nuestra visita.
Entrada al circuito de Silverstone
Mercado cubierto en Oxford
Divinity School
Hall del Christ Church College
Catedral del Christ Church
Puente de los suspiros. Oxford
Después de sufrir el
enésimo atasco en las carreteras inglesas, llegamos al Yorkshire Sculpture Park.
Se trata de un enorme parque, jardines y bosques con un montón de esculturas modernas
diseminadas por el lugar, de artistas como Joan Miró o Henry Moore.
Por la tarde visitamos el Distrito de los Picos, que como su
propio nombre indica…, pues eso. Allí comimos, descansamos y paseamos entre
piedras y ovejas hasta que llegó la hora de ir al hotel en Nottingham, ciudad cercana a los bosques de Robin Hood.
Hombre-conejo y niño embobado
Vado de piedras
Vaca peluda desubicada
Obra de Henry Moore
Sentada en un pico de Peak District
Vegetación de los Picos
Contemplando
El pronóstico del tiempo daba fuertes lluvias en Malham, así
que decidimos ir porque aquí el tiempo no lo aciertan ni a tiros. Y nos salió
bien, porque salvo una pequeña llovizna inicial, el día estuvo espléndido.
Malham es un pueblo al sur del Yorkshire Dales National Park, desde el que
salen muchas rutas. Nosotros visitamos la cueva, donde había gente escalando, y
luego subimos a la calzada de piedra, desde donde admiramos magníficas vistas
de la campiña. Paseando por campos de ovejas descendimos hasta Gordale Scar,
una pequeña garganta con cascada de agua. Y regresamos a nuestro punto de
partida por la senda del río, atravesando un bosque húmedo y musgoso. Una ruta
genial.
De vuelta al hotel
paramos en Burnsall con la intención de visitar tumbas vikingas, que estaban en
un cementerio justo al lado de un colegio.
Camino a Malham Cove
Vistas desde la cima de la cueva
Ruteando por campos de ovejas
Gordale Scar
Por la senda del río
Nubes inglesas
Tumbas no vikingas
Amaneció frío y ventoso, muy otoñal, un día ideal para
visitar Fountains Abbey, unas famosas ruinas de una impresionante abadía cerca
de Ripon. Además de la abadía, también se puede visitar un antiguo molino
medieval, unos jardines acuáticos y un parque donde viven algunos ciervos. Allí
pasamos toda la mañana.
Por la tarde nos acercamos a York. Grandes atascos a la
entrada y a la salida. Lluvia. Viento. Las hordas de turistas que visitaron el
castillo de Edimburgo se trasladaron todas aquí. La catedral, motivo principal
de la visita, cierra a las 4:30. Nosotros llegamos a las 4:31. No nos salió una
a derechas. Y aún así, es de justicia reconocer que se trata de una ciudad
medieval muy bonita, con estrechas calles repletas de casas combadas y fachadas
tradicionales. Una visita imprescindible.
Fountains Abbey. Interior
Fountains Abbey. Exterior
Subiendo a la iglesia de Santa María
Ciervos pastando
Por el camino
Shambles. York
Animada calle de York
Jornada tranquila la de hoy. Por la mañana fuimos a visitar
el Ángel del Norte, una escultura moderna inmensa que está en medio de ninguna
parte. Muy chula. Y luego a pasar el día en Durham, una ciudad propicia para
pasear e ir de tiendas. Nos gustó mucho el mercado y la plaza del Ayuntamiento,
donde como es costumbre aquí y aprovechando el buen tiempo, comimos una enorme
ración de Fish´n Chips.
Visitamos la impresionante catedral pero lamentablemente no
pudimos acceder al castillo porque estaba reservado para una boda de postín.
Luego nos dimos una vuelta por el paseo del río y a media tarde regresamos al
hotel.
El Ángel del Norte
Plaza del Ayuntamiento. Durham
Mercado en Durham
Catedral desde el paseo del río
Adiós Edimburgo. Adiós Escocia. Es hora de volver a Inglaterra,
pasando por los Borders, donde nos paramos en el mirador de Walter Scott para contemplar los campos y colinas del lugar. Hay un montón de abadías en
ruinas, como la de Jedburgh, así como fortificaciones fronterizas, también en
ruinas. Cerca se encuentra el muro de Adriano, que visitamos desde Cowfields,
que como bien indica su nombre, se trata de campos y campos donde pastan las vacas. Si
bien quedan pocos restos, te haces una idea de lo que pudo ser en su tiempo.
Después de una breve incursión por los Peninos del Norte,
pusimos rumbo al Hotel a descansar y pasar las últimas horas de la tarde.
Vistas desde el mirador de Scott
Jedburgh Abbey
Muro de Adriano desde Cowfields
Escalera pasamuros en los Peninos del Norte
Visitamos el castillo de Edimburgo por la mañana. Después de
una larga espera en la cola para comprar las entradas por fin conseguimos
entrar junto con otros tres millones y medio de turistas. Se trata de un
alcázar con diferentes edificios que albergan museos relacionados con el
ejército y monarquía escocesa. La fortaleza es bonita, las vistas de la ciudad
impresionantes, pero con tanta gente y todo tan grande y restaurado pues pierde
encanto, le falta personalidad. Lo mejor la zona de las prisiones. El tesoro
real, que consiste básicamente en una corona y en la piedra del destino, da
pena. Y también tuvimos que esperar en otra larga cola para verlo.
A mediodía bajamos a la Princess Street atravesando la
Market St., llena de puestos callejeros, donde hicimos algunas compras y
aprovechamos para hacer un picnic en los jardines. Y vuelta a la Royal Mile,
donde por la tarde disfrutamos de un tour guiado por Mary King’s Close, un callejón
ahora subterráneo donde contemplamos –dejando de lado las historias de
fantasmas y demás- cómo vivía la gente en el siglo XVII. Muy didáctico y
entretenido. Terminamos la jornada tomando unas cervezas y sidras en el Whistle Binkies, un pub muy chulo del centro, y volviendo de
nuevo a Underberry para cenar.
Hordas de turistas encaminándose al castillo
Vistas desde el castillo de Edimburgo
Prisión militar del castillo
Bajando hacia Market Street
Tron Kirk. La mejor iglesia del mundo
En el Whistle Binkies
Por los bajos fondos de la ciudad
Salimos rumbo a Edimburgo con las pilas cargadas. De camino
paramos en Killiecrankie a contemplar las hoces del río Garry. Muy cerca de
allí se encuentra el pequeño pueblo de Pitchlory, muy arreglado y pijo. Y sin
más demora llegamos a la capital de Escocia, donde en agosto se celebra el
mayor Festival cultural del mundo. La verdad es que es impresionante la oferta
de espectáculos que te encuentras. La guía del Fringe, el festival alternativo,
es tan gorda como una guía de teléfonos. Nos dimos una vuelta por el centro
hasta la Royal Mile, donde decenas de grupos de teatro amateur se muestran en
la calle vendiendo su espectáculo. El ambiente es muy loco y especial. Comimos
en la zona de Underbelly, un lugar donde volveríamos, casi sin querer, una y
otra vez.
Llegamos a nuestra Guest House, donde estudiamos el programa
para hoy. Nos decidimos por el show Fright or Flight, que se representaba en el
Assembly Roxy, un antiguo almacén reconvertido en teatro. La obra estuvo muy
divertida, excéntrica y con números acrobáticos realmente difíciles. Después
nos fuimos paseando buscando algún pub donde tomar una cerveza y llegamos hasta
The Captains Bar, un bar con un ambiente muy especial donde se reúnen músicos
aficionados a tocar y cantar canciones tradicionales. Estuvimos disfrutando de
la música, la cerveza y la sidra y nos fuimos de nuevo a Underbelly, donde
cenamos antes de coger el bus de vuelta a casa.
Killiecrankie
Casas en Pitchlory
Actuación callejera en Royal Mile
The Captains Bar
Estamos en el Parque Nacional Cairngorms y llueve. También a
veces sale el sol, pero sobretodo llueve. Nuestro objetivo es llegar hasta la
montaña que da nombre al parque, el Cairn Gorm, ruteando en coche por los
alrededores a ver qué nos encontramos. Lo primero que vimos fueron unas ruinas
de unos barracones abandonados. Un poco más adelante la sorpresa del día, un
apenas anunciado jardín-bosque con esculturas de Frank Bruce hechas con los troncos de los
árboles. Nos gustó mucho. Paramos a comer a las orillas del lago Morlich, donde
salió el sol cuatro minutos.
Finalmente alcanzamos la
base del Cair Gorm, que resultó ser una verdadera decepción. Hay un
funicular que llega casi hasta la cima. Nuestra intención era cogerlo, subir
andando hasta la cumbre y bajar haciendo ruta. Nos dicen que si queremos bajar
debe ser con guía, pagando más, claro. Bueno, pues nos conformamos con subir
hasta la cima andando. Cogemos el funicular y cuando llegamos arriba no hay
manera de salir del edificio. El funicular es sólo para acceder a una tienda, a
un restaurante y a una terraza con vistas. Con vistas a la niebla, porque
estaba nublado, granizando y no se veía nada a dos pasos.
Para resarcirnos decidimos hacer una pequeña ruta bordeando
el Loch an Eilein, que sin ser nada del otro mundo resultó agradable.
Ruthven Barracks
Jardines de Frank Bruce
Lago Morlich
En la falda del Cairn Gorm
En la cima del Cairn Gorm
De ruta por el Loch an Eilein
Subiendo un pino