Las gaviotas y el calor nos despertaron temprano, así que enseguida nos pusimos en plan. El primer objetivo del día era Hastings, un pueblo pesquero cercano. Tardamos casi un siglo en llegar, menudas carreteras estrechas plagadas de coches. Allí había unas bonitas casas de pescadores y un basurero de barcos. Poco después nos dirigimos a Rye, que vienen a ser cuatro calles con casas antiguas con encanto. Probamos por primera vez la fantástica comida inglesa, un pastel de carne y una hamburguesa. Y patatas que no falten. Puaaaj!!! La idea era acercarnos por la tarde a Canterbury para visitar su famosa catedral, pero a pesar de que estaba relativamente cerca desistimos ante la idea de pasar horas en atascos atravesando pueblos. A cambio regresamos a Eastbourne con la intención de pasar la tarde en la playa. Error. La playa son piedras rompepies, y a pesar de hacer calor, el agua y el aire estaban demasiado fríos. Así que a pasear por el paseo y relajación.
Barrio de pescadores. Hastings